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El mensaje de Ligas Pequeñas

•        Ángel Macías y Pepe Maiz, de visita en Puerto Peñasco; tuvieron breve estancia en el aeropuerto de Hermosillo.

Por Jesús Alberto Rubio.

Ni me pregunte si fue todo un placer saludar y charlar con Ángel Macías y Pepe Maiz, ayer en la tarde en el aeropuerto de Hermosillo. Olvídese.

Ir a darles la bienvenida en su escala a nuestra ciudad capital, para luego ser trasladados a Puerto Peñasco, era algo por demás obligado, como suele decirse en el argot. Y más, ante la grata presencia de ambos personajes, íconos también del beisbol mexicano.

En la bienvenida, compañeros de la Asocrodes, como Eradio Burruel, el ingeniero Juan Antonio Jasso; Oscar Burruel, así como los colegas de Telemax, Daniel Escalante, y de Televisa Deportes, Carlos Cota Rubio. En la recepción y traslado, don Oscar Rodolfo Burruel, el licenciado Sergio Cuéllar y su vástago del mismo nombre. Enhorabuena.

Por supuesto, saltaron las preguntas y con respuestas sencillas, amables de Ángel Macías y Pepe Maiz:

Para empezar, en Peñasco también difundirán el mensaje central de Ligas Pequeñas: “más que ser campeón mundial, lo trascendente es el trabajo en equipo, aprender a ganar y perder, el valorar la disciplina, la constancia… y ser buenos hijos”.

Señalaron que las Ligas Pequeñas se hicieron para eso; “claro, si logras un título, bienvenido; y más si se logra un juego perfecto para ganarlo, como lo hizo Ángel en 1957 (Williamsport), algo que nunca más se ha repetido”, expresó con gran emoción don  José Maiz, el propietario de los sultanes de Monterrey y Alto Comisionado de la Liga Mexicana de Beisbol.

Dieron a conocer que en su visita proyectarán las películas “Los pequeños Gigantes” y “El Juego perfecto” que narra precisamente aquella epopeya de 1957 en que por vez primera México se coronaba campeón mundial de Ligas Pequeñas.

“Llevamos también fotos inéditas que no salen en las  películas”, dijo.

En la charla, “aproveché la recta” para preguntarle si era cierto, como se ve en la película “El Juego perfecto”,  que cuando lanzó el juego perfecto, al último bateador le dio tres bolas malas ¡y luego lo abanicó!

Su respuesta fue que “no nos acordamos de ese tipo de cosas porque vivíamos una situación muy especial; veíamos un campeonato mundial que no estaba previsto ya que nadie se imaginaba que íbamos a llegar tan lejos, de modo que lo que más que hicimos fue disfrutarlo y cuando terminamos el último out lo primero que hicimos fue juntarnos en la loma de pitcheo donde saltamos, y gozamos el título los 14 jugadores.

Más que el juego perfecto, yo veía al equipo, que lo hizo todo y no sólo Ángel”.

Serie del Caribe en 1971.

Para el jardinero central de los Naranjeros de Hermosillo, campeones de la LMP en 1970-1971 para que nuestro país incursionara por primera vez primera en una Serie del Caribe (en Santo Domingo),  aquel episodio le resulta por demás inolvidable.

“Estar de nuevo en Hermosillo me trae muy bonitos recuerdos; aquí jugué con Venados, Tomateros y Hermosillo. Y sí, aquel clásico caribeño de febrero del 71, algo que siempre tengo presente”.

Vivir con esos recuerdos, dijo, es muy sano y agradable.

El mensaje de Ligas Pequeñas

ÁNGEL Macías indicó que con frecuencia, durante todo el año, reciben invitaciones de diferentes ciudades de México y estados Unidos, para ir a transmitir el mensaje de Ligas Pequeñas, y lo sucedido en Williamsport.

“Lo más importante para nosotros es dar el mensaje a los niños de que participen de una manera sana en el deporte, en especial en beisbol”.

Consideró que tienen la dicha de haber participado en el proceso desde Ligas Pequeñas y que nunca imaginaron  llegar al campeonato en Williamsport.

“Fue un enfoque sano donde todos nos involucramos y cada quien hizo su parte importante en todo el proyecto, conviviendo todos muy bien, al grado tal que cuando nos coronamos la gente se quedó perpleja por lo que estaba viendo”.

Recordó que no lavaron sus uniformes “porque si lo hacíamos y perdíamos, se acababa la gracia a través de los catorce juegos” y que cuando se coronaron, “ya queríamos tirarlos. Fue un a cosas muy bonita que disfrutamos y todavía así lo sentimos”.

No olvida los recibimientos que les dieron, en aquella época, los presidentes de México y Estados Unidos.

Williamsport marcó la pauta, expresó:

“Tuvimos la oportunidad de conocer presidentes de ambos países, ser invitados de honor, algo que nunca pensamos que iba a suceder; al final de cuentas. Hoy todavía sucede y aprovechamos la oportunidad para transmitirle a los niños de cómo hacer las cosas de manera positiva para salir adelante; es lo más saludable que debemos hacer”.

“Empezamos de cero y todo lo que ganamos fue una ganancia positiva; la motivación de nuestro mánager César Faz, y Pepe González Torres, contó mucho en habernos sentido con la confianza suficiente para poder hacer eso y más; fue una de las cosas importantes que nos transmitieron y fue una de las cosas que nos ayudó en todo el proceso”.

“Todos teníamos cosas positivas y ello nos ganó a ganar el campeonato; cerramos todo bien y eso hizo la diferencia; fue un torneo muy pesado y los jugadores queríamos hacer las cosas bien y afortunadamente así fue, especialmente porque lo buscamos… y lo logramos”.

Sobre Héctor Espino:

A Macías le tocó convivir y jugar con Héctor Espino; y cuando eran contrario,s dijo que “`claro que no me gustaba para nada eso”!; pero que el estar de compañero fue algo por demás especial: “era una persona súper, muy apegada a lo que hacía y siempre estuvo buscando la forma de mejorar cuando ya era el número uno. Es un ícono en el beisbol, definitivamente”.

Para Pepe Maiz, no va a ver otro como él:

“Y es que lograr todos sus campeonatos de bateo, nadie los va a igualar; estamos hablando de 18. Aquí en el Pacífico vemos cómo llegan grandes talentos que luego son ligamayoristas, y nadie lo ha igualado. Espino fue mejor que todos”.

Don Pepe advirtió que mantiene magnífica relación con la familia Espino Vázquez; “seguimos en contacto con su esposa, doña Carmen, y Daniel su hijo es coach de primera base de los Sultanes; hay magnífica relación con ellos”.

Recordó que cuando entró de presidente de la franquicia en   1982, vino a Hermosillo para que jugara las temporadas de 1983 y 1984, las últimas de su notable carrera:

“Nos toco ver su último jonrón  en el viejo Parque Cuauhtémoc Famosa, y luego su despedida, un día memorable. Tengo muy gratos recuerdos de él y siempre nos llevamos bien; cuando no estaban buenos los equipos, antes de que saliera, la gente iba a ver si bateaba jonrones porque ponía unos larguísimos por el izquierdo. Nos tocó ver lo mejor de él”, concluyó.

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